Reflexión y debate
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El imperio necesita hacer seguimiento de la identidad, la propiedad de la tierra, las obligaciones fiscales, las deudas y los registros de transacciones de millones de personas. Este volumen de información supera con creces la capacidad de la memoria individual y exige poder recuperarla a través del tiempo y el espacio. La tradición oral no puede garantizar la coherencia ni la verificabilidad, y propicia la doble imposición, la evasión fiscal o los litigios. Por eso es imprescindible externalizar el almacenamiento de la información; de lo contrario, la red de cooperación colapsaría por el caos administrativo.
El Homo sapiens es capaz de cooperar a gran escala con multitud de desconocidos, mientras que otros animales cooperan sobre todo por instinto, parentesco o reconocimiento de grupos pequeños. Esta capacidad llevó a la humanidad de tribus de unas decenas de personas a ciudades de miles o decenas de miles, y de ahí a imperios de millones.
- Escala tribal: unos cientos de personas; el orden se mantiene mediante el chisme cara a cara, la memoria individual y la tradición oral.
- Escala del reino: de decenas de miles a cientos de miles de personas; hay que hacer seguimiento de impuestos, trabajos forzosos, leyes e identidad.
- Escala imperial: de millones a cien millones de personas; el volumen de información administrativa supera con creces la capacidad de procesamiento de un solo cerebro y de una red oral.
Las fuentes muestran que, desde aldeas como Jericó en el año 8500 a. C. hasta la unificación de todo el Mediterráneo por la antigua Roma en el año 1 d. C., con cien millones de contribuyentes, la escala de la red de cooperación experimentó un cambio cualitativo.
Al ampliarse la escala de la sociedad, aumentan vertiginosamente los tipos de información que hay que gestionar: identidad, propiedad, obligaciones, deudas, impuestos, normativas, órdenes y registros de transacciones. La escala tribal aún puede sostenerse con el chisme cara a cara, la memoria individual y la tradición oral; las escalas del reino y del imperio, en cambio, exigen un almacenamiento y una recuperación de información que atraviesen el tiempo, el espacio y los distintos grupos.
El volumen de esta información supera con creces lo que un solo cerebro puede memorizar y procesar, y se convierte en una limitación estructural de la cooperación a gran escala:el cuello de botella informativo.
La clave del cuello de botella no reside en la voluntad de cooperar ni en la moral, sino en la insuficiencia de la infraestructura informativa. Aunque se tuviera la capacidad de alimentar a un millón de personas, si no se puede registrar quién debe pagar impuestos, quién posee la tierra o quién debe prestar servicio militar, la red de cooperación acabará colapsando.
Superar el cuello de botella exige externalizar la memoria y la información administrativa, pero esta página solo plantea el problema y no desarrolla la historia concreta de la tecnología. Esto nos deja una pregunta abierta: ¿qué nuevas formas de concentración del poder o de resistencia puede traer consigo la externalización de la memoria?
Esta perspectiva, planteada por Yuval Noah Harari en «Sapiens: De animales a dioses», considera la cooperación a gran escala como producto de un orden de imaginación compartida y, al mismo tiempo, subraya las limitaciones de sus condiciones materiales e informativas. Objetivo de aprendizaje: explicar por qué el Homo sapiens puede cooperar a gran escala con desconocidos, mientras que otros animales se guían principalmente por el instinto.
